La humanidad goza hoy de la tecnología capaz de organizar sus maravillosas habilidades, con la finalidad de crear una sociedad más evolucionada, una sociedad mejor. Una comunidad que empieza a comprender, que la interconexión con el prójimo la transforma y que valora como nunca la cooperación, está surgiendo. Las redes sociales han emergido como una pulsión intrínseca para invitarnos a vivir la oportunidad de elevarnos hacia la integración y la ampliación del potencial humano consciente.
Hoy, ya es posible coordinar y organizar las acciones humanas para lograr objetivos humanísticos globales, sin que se pierda la capacidad de desarrollo individual o local. Hoy, ya es posible integrar ambos enfoques: lo global y lo local, sin fricciones ni conflictos. Las ventajas de una sociedad global interconectada no eliminan la necesidad de formar parte de una comunidad local; de hecho, puede mejorarla al ofrecer nuevas fuentes de información e incorporar diversidad en los puntos de vista. El sociólogo Barry Welman denominó a este proceso como “Glocalización”. No se trata, cual vía de escape, de buscar refugio en comunidades aisladas, auto-centradas, sino de vincular dinámicamente la fuerza de las iniciativas locales, con el amplio espectro de la solidaridad global hoy en plena efervescencia enREDada.
Imaginemos un mundo donde las personas aprendan por siempre, un mundo donde lo imaginado sea más interesante que lo conocido y tanto la curiosidad como la intuición contara más que el conocimiento instrumental, disponible hoy libremente en la Red. Imaginemos un mundo donde lo que regaláramos fuera más valioso que lo que retuviéramos, porque eso es lo que recibimos de otros; un mundo donde la alegría no fuera sólo una palabra, y no estuviera prohibido jugar después de alcanzar la adolescencia. Imaginemos un mundo donde el negocio de las empresas fuera imaginar los mundos donde los seres humanos quisieran vivir algún día. Imaginemos un mundo creado por la gente, con la gente y para la gente.
A través de la trama de las redes sociales está utopía es potencialmente viable. Internet es un kaleidoscopio de sentidos, en donde la visión de los otros nos proporciona una visión diferente del mundo en que nos hemos encerrado a causa de la matriz mental del reduccionismo racional-instrumental. Las redes sociales no nos brinda solamente una perspectiva planetaria, sino que nos vincula con saberes conectados; nos da la posibilidad de encontrarnos con múltiples puntos de vista; genera múltiples entramados de relaciones y conversaciones, que están alterando profundamente la estructura de nuestra sociedad; nos ayuda a crear “sociedades de mentes enREDadas” donde tiene lugar un constante diálogo entre iguales. Hoy ya somos testigo de la existencia de miles de redes, tanto nacionales como globales, de productores y consumidores vinculados, que buscan conjuntamente relaciones económicas más justas, miles de nuevos movimientos sociales y colectivos que luchan contra la discriminación, la explotación y que defienden los derechos humanos, cientos de formas asociativas, comunitarias, de producción conjunta, de banca ética, agrupaciones de pequeños productores, que muchas veces el mercado no tiene en cuenta pues no resultan ser una fuente de ganancia inmediata. Hoy existen cientos de organizaciones de micro-crédito, que financian microempresas, numerosas agrupaciones de ayuda mutua se reproducen en todas partes, cooperativas de servicios públicos autogestionados, grupos de trabajo voluntario, organizaciones que buscan resguardar las identidades étnicas, micro-emprendimientos en los que participan mujeres y hombres y donde se revaloriza el rol de los jóvenes, de la tercera edad y de las minorías. Todas estas formas de producción y de reproducción de la vida, ya existen en todas partes y pugnan por afianzarse en un mundo dominado por la voracidad de los mercados que sólo favorece la concentración económica. La vida, en esencia, se mueve hacia la pluralidad, la diversidad, la interdependencia y la auto-organización, en sí, hacia la consecución de su propia libertad. De eso se tratan las redes sociales.

Los seres humanos tenemos hoy, la capacidad de construir una sociedad que contradiga o no los fundamentos de la vida. De cada uno de nosotros depende el camino que, como colectivo, seguiremos. Es necesario superar la fragmentación social mediante la articulación, el aislamiento mediante la asociación y el encuentro en el que los valores de la convivencia humana, gobiernen por sobre la codicia de la ganancia individual sin límites. Es necesario construir un sistema global de economía solidaria, una economía que no se asiente en la codicia del enriquecimiento a costa de los demás, sino que represente una nueva moral, que vincule nuestra búsqueda de auto-realización con el bienestar del prójimo. Es preciso mostrar con experiencias exitosas, que la economía solidaria es una mejor alternativa a la salvaje lucha darwiniana por la supervivencia que propone el mercado deshumanizado. Es necesario confirmar que las pretensiones de legitimidad de los intereses particulares pueden dirimirse en un espacio democrático, compartido y participativo. Esta estrategia sólo puede consolidarse mediante un cambio profundo en las instituciones y, fundamentalmente, de las personas. Todos los seres humanos deben tener sus necesidades vitales satisfechas, que les permita una vida en acuerdo con las posibilidades que ofrece la naturaleza, y en ningún caso la búsqueda del bienestar individual, comunitario o nacional puede amenazar las bases mismas de la vida en el planeta. Cada uno de nosotros debemos asumir la responsabilidad social y política que nos corresponde, por el futuro de la humanidad. No basta con aguantar, con sobrevivir o meramente resistir y refunfuñar pasivamente. Se trata de que cada uno de nosotros, reinvente una relación con la realidad en su propio terreno. Cada uno de nosotros, cada idea, cada emprendimiento, cada acción e iniciativa, cada conversación, cuenta. El mundo nos necesita más que nunca, necesita que tratemos sus problemas desde la raíz, penetrando sus más profundas causas y no, sólo atendiendo sus síntomas. Requiere de nosotros que atendamos concientemente las consecuencias de nuestras acciones, y así seamos capaces de imaginar y crear las condiciones para que el ser humano no viva en beneficio del desarrollo, sino el desarrollo en beneficio del hombre.











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